martes, 21 de marzo de 2017

Ni los gorriones se escapan

El gorrión era un pájaro especialmente querido por mi padre, pajarero empedernido. Su aspecto regordete, sus andares saltarines y su fácil adaptabilidad a la vida urbana, lo hacía particularmente especial en su personal panteón avícola. Lo recuerdo, a mi padre, casi obsesionado los últimos años de su vida con la ausencia de pájaros en su jardín, que cada año iba a peor, colocando todo tipo de artilugios para atraerlos, sin éxito.

El pasado lunes, 20 de marzo, fue el Día Mundial del Gorrión. La situación de este simpático pajarillo no es ni mucho menos buena en nuestro país. Según la organización ecologista SEO/Birdlife, hay 25 millones de gorriones menos ahora que en el año 2.000. El declive comenzó en el año 1.998 y, desde entonces, no ha hecho más que aumentar.

En España hay cinco especies de gorriones, el común, el molinero, el moruno, el chillón y el alpino. De éstas, las dos primeras son las que están protagonizando el declive en el número de ejemplares, sobre todo en nuestras ciudades. Sin embargo, el moruno y el chillón, menos dependientes de la actividad humana para su supervivencia, han aumentado sus poblaciones desde el año 1.998. El alpino está sufriendo en sus magras carnes el cambio climático, que está reduciendo su hábitat, las cumbres montañosas donde hay neveros, en pleno retroceso.

Las causas son múltiples: en las ciudades, la contaminación, la dificultad para anidar en edificios cada vez más planos y herméticos, la reducción de la superficie de zonas verdes, donde se alimentan... En el ámbito rural, la despoblación, favorecida por la intensificación en el cultivo agrícola, y el uso de pesticidas, son algunos de los factores que están fomentado su desaparición también en el campo.

Es evidente que algo no estamos haciendo bien cuando un ave que nos lleva acompañando milenios en nuestras andaduras por el planeta no encuentra acomodo a nuestro lado. Nosotros tenemos médicos, hospitales y pastillas que nos solucionan los problemas de salud. Pero ellos no. Dependen de nosotros para tener un hábitad adecuado. Con oquedades donde construír sus nidos y zonas verdes sanas y llenas de insectos con los que alimentarse. No piden mucho más. Pero no les estamos dando ni eso.

Vivimos en ciudades cada vez más inhóspitas y contaminadas. Cada vez más ruidosas y grises, donde imponen su dictadura el coche, el hormigón y el vidrio. Ni los gorriones se escapan de esta locura urbanizadora de la especie humana que está destruyendo el planeta. Desde SEO hacen las siguientes recomendaciones, para intentar revertir esta situación:
  • Instalar comederos, son de gran ayuda para los gorriones especialmente en invierno.
  • Instalar nidales en tu jardín o terraza.
  • Practicar la jardinería sin pesticidas.
  • No podar en abril y en agosto que es cuando anidan.
  • Poner un cascabel a los gatos, evitará que pueda cazar gorriones.
¿Os animáis a echarles una mano?

jueves, 9 de marzo de 2017

Tila para todos



Vivimos tiempos de pieles finas y respuestas gruesas. La sociedad española tiene fama de sectarista, respondona, de extremos, y me temo que, en esta ocasión, el tópico es más real de lo que me gustaría. Lo vemos todos los días en la política, en los campos de fútbol, en reuniones familiares… Si se junta gente de ideologías, equipos de fútbol o regiones distintas, se monta el pollo y nos liamos a garrotazos. Somos muy respetuosos y tolerantes de boquilla, pero de ofensa rápida en la realidad. Nuestro orgullo, nuestro amor propio son heridos heridos a la velocidad de la luz.

En los últimos días lo hemos podido ver con el asunto del autobús de "Hazte Oír" y el transgresivo espectáculo del ganador del carnaval de Las Palmas de Gran Canaria, un par de actuaciones que han ofendido a propios y a extraños. ¿La solución patria? Denunciar, prohibir, insultar. Los dos sucesos, inofensivos, por otra parte, sin consecuencias graves, están en nuestras conversaciones, copan titulares de periódicos, llenan tertulias de personajes pagados de todo, opinadores profesionales de lo que sea menester.

Foto: José Luis Roca
Foto: José Luis Roca
 Vaya por delante que me parece lamentable e inapropiado el mensaje del vehículo naranja patrocinado por la organización ultracatólica “Hazte Oír”. Por otro lado, no entiendo qué quería conseguir el tipo del carnaval, vistiéndose de virgen y de cristo a ritmo de música electrónica. Y puedo entender que los colectivos LGTB se ofendan con la arenga de los que se dicen católicos, más cuando se meten en camisa de once varas, intentando adoctrinar a menores. Y también puedo entender a los creyentes, aunque no lo soy, cuando ven cómo se mofan y desvirtúan símbolos de su fe. Pero creo que de eso trata la libertad de expresión, de que cada uno pueda expresar su opinión de forma libre y abierta. Aunque haya gente que se ofenda.

¿Dónde está el límite? Es difícil de definir, pero llevar a la ley cosas tan etéreas como el honor o el sentimiento religioso no es, ni mucho menos objetivo, ni tampoco cuantificable. Quizás la línea roja podría ponerse en incitaciones directas a la violencia o a la comisión de algún tipo de delito. Si la solución fuera prohibir cualquier mensaje ofensivo para algún colectivo, desaparecerían los cómicos, los monologuistas, el teatro transgresivo, el humor. Gente como Tip y Coll, Eugenio, Martes y 13, Gila, no habrían podido desarrollar su creatividad y hacernos pasar los buenos ratos que pasamos con ellos. Muchos libros y obras de teatro no podrían haberse escrito. Programas de televisión como La Bola de Cristal no habrían existido.

Contaba Maruja Mallo, pintora de la Generación del 27, que ella y otros integrantes del grupo, entre los que estaban Federico García Lorca, Dalí y Margarita Mansó, decidieron quitarse un día el sombrero, que les parecía que con él estaban congestionando ideas. Al pasar por la Puerta del Sol, empezaron a lanzarles piedras, llamándoles de todo. Hasta les llamaron maricones, por no llevar sombrero, prenda que, en aquella época debían llevar las "personas de bien".

Y esto me da que pensar. La España de 2.017 no es tan distinta de la de hace 90 años. Al distinto, al que piensa de otra manera, al que sigue a otro equipo de fútbol se le insulta, se le difama, se le prohíbe. Y no es cosa de la derecha o la izquierda. Se da a ambos lados ideológicos. En todos los ámbitos. En todos los sectores de la sociedad.

La democracia, la libertad de expresión consisten en, entre otras muchas cosas, que tenemos que aceptar al otro, convivir con su ideología, aunque sea contraria a la nuestra, con la principal premisa del respeto. En este sentido, me encantó la reacción de Irene Villa, víctima de un atentado de ETA hace ya bastantes años, ante el desafortunado tuit del dimitido concejal de Ahora Madrid Guillermo Zapata en el que se reía de su condición de discapacitada con un chiste de mal gusto. Al verbo grueso y de mal gusto de Zapata contestó con humor e ironía, quitándole “hierro”. Un ejemplo a seguir.

Si fuéramos una pareja, o una familia, tendríamos la opción de separarnos o irnos de casa. Pero como sociedad, no nos queda más remedio que hablar, debatir y acordar para poder seguir conviviendo. Con el garrotazo, el insulto y la prohibición, no llegaremos a ningún sitio. ¿Seremos capaces algún día de conseguirlo? Soñar es posible. Mientras tanto, nos deberíamos todos tomar unas tilitas, para calmar los ánimos.

miércoles, 1 de marzo de 2017

Actuar o no actuar

El pasado 19 de febrero, domingo, visité la finca de la empresa de productos ecológicos Dieta Ecológica radicada en El Viso del Alcor. Lo hice en la grata compañía de la gente de la cooperativa de consumo ecológico La Ortiga, a la que pertenezco desde hace ya bastante tiempo. Desde la cooperativa se organizan, todos los años, visitas a los productores, para conocer, de primera mano, a la gente que cultiva las verduras y frutas que nos comemos.

El día amanece feo, encapotado, ventoso y con un poquito de agua. Además, la maratón de Sevilla hace que nos retrasemos un poco, al convertirse la tarea de cruzar la ciudad en coche en algo prácticamente heróico. Pero, con la ilusión de conocer la finca de Dieta Ecológica, nos vamos un grupo de unas 15 personas camino de los Alcores.

Al llegar nos recibe José Joaquín Pineda, Ingeniero Técnico Agrícola y responsable de la empresa, que hace de guía y anfitrión. Tras una breve charla, en la que nos explica que comenzó la actividad agrícola en ecológico allá por 2.008, con tres trabajadores y nos cuenta también que, casi 10 años después, ya son una decena, comenzamos la visita en sí.

Salimos al exterior, donde ha escampado. Y allí charlamos, preguntamos y aprendemos sobre la forma de cultivar de José Joaquín, con sistema de riego por goteo, fertilización con abono de gallinas ecológicas y compost y uso de métodos naturales para el control de plagas y enfermedades. Rodeados de brócolis, lechugas, coles, alcauciles y espinacas, nos cuenta cómo reconvirtió la finca familiar al cultivo ecológico, o cómo empezaron cultivando en el terreno que quedaba libre entre las hileras de naranjos, o cómo venden entre 3 y 4 mil kilos de naranjas ecológicas  a comedores escolares cada semana.

Tras el interesantísimo paseo, pasamos a disfrutar de una opípara comida aportada por todos los que formamos parte de la visita, gente concienciada y de buena conversación, en la que intercambiamos recetas, consejos y experiencias.

Poco después de los Goya, leí un artículo de la directora de cine Leticia Dolera, titulado "Contradicciones de una feminista en la alfombra roja", en el que comentaba su experiencia como presentadora de un premio en la siempre, a pesar de mi admirado Dani Rovira, aburridísima ceremonia. Lo contradictorio que era para ella ir vestida casi de Barbie, con unos tacones de vértigo y ropas más propias de tiempo veraniego, siendo una feminista convencida y declarada. El miedo a ser recordada como activista, y no como profesional. La duda de no saber qué hacer.

Y leyendo el artículo me vino a la cabeza el recuerdo de Rosa Parks, aquella ciudadana estadounidense, afroamericana, como se dice ahora, que se negó a cederle su sitio a un blanco en el autobús en que viajaba hacia su coasa, incidente que le costó la cárcel, pero que fue también el comienzo de la lucha contra la segregación racial en los EEUU. Y también me acordé de la gente que forma parte de La Ortiga, que hace posible que productores como José Joaquín puedan cultivar en ecológico, cambiando un modelo de producción agresivo y depredador por otro más respetuoso con el medio ambiente.

A @LeticiaDolera le diría que, si yo hubiera sido ella, habría ido como me hubiera apetecido, pero siendo consecuente con mis ideas. Si se sentía cómoda con tacones, escote de vértigo, espalda descubierta y congelada, y con su cara escondida tras una gruesa capa de maquillaje, estupendo. Adelante con ello. Si no, pues unos zapatos planos y una ropa cómoda y elegante habría valido también. Lo que tengo claro es que si no hubiera existido una Rosa Parks, en EEUU los negros tendrían que seguir cediendo los asientos de la parte delantera de los autobuses a los blancos. Si no hubiera gente como la de La Ortiga, que compran productos ecológicos, empresas como Dieta Ecológica, no podrían existir. Si nunca aparece una Leticia Dolera, que no vaya disfrazada de Barbie, no cambiará el trato machista que siguen recibiendo por parte del mundo del cine.

Actuar o no actuar, esa es la cuestión.

viernes, 3 de febrero de 2017

El maná del empleo

Ya llegó el maná del empleo a Carmona, como caído del cielo. Esta vez es de la mano de la multinacional de la logística GEFCO, que se instalará, según el Ayuntamiento de la ciudad, en las próximas semanas en el Parque Logístico, como anunció el alcalde, Juan Ávila, en su twitter el pasado 24 de enero.

Poco a poco, el Parque Logístico de Carmona se va llenando de empresas, y esto es una buena noticia, indudablemente. De lo que quiero hablar, es de la propensión, cada vez más acusada, de nuestros políticos a vendernos como algo positivo e incuestionable, la llegada de multinacionales a nuestros pueblos y ciudades. Crean empleo, dicen. Traen riqueza, aseveran. Pero, ¿alguien hace un cálculo real del beneficio para la localidad de la instalación de este tipo de empresas? ¿Cuántos empleos crean entre los vecinos? ¿Son temporales? ¿Indefinidos? ¿A cuánto ascienden los sueldos?¿Qué parte de la riqueza de dichas empresas revierte en beneficio de la comunidad local? ¿Son mejores estas multinacionales que las pymes locales?

Hace tiempo leí un libro del urbanista canadiense Charles Montgomery, Happy City (Ciudad Feliz), en el que en uno de los capítulos hace un análisis de una situación parecida en una pequeña ciudad de los Estados Unidos. La ciudad en cuestión es Asheville, en el estado de Carolina del Norte. A principios de este siglo, se encontraba en pleno proceso de revitalización de su centro histórico, donde se estaba intentando crear una zona llena de pequeños negocios locales. El debate que había en el Ayuntamiento era sobre la posibilidad de seguir con esa política o de optar por promover la instalación de grandes superficies en la ciudad. Para ello, Joseph Minicozzi, arquitecto residente en Asheville calculó la rentabilidad por superficie ocupada de las dos opciones, igual que se haría con una superficie agrícola, en la que se podría hablar, por ejemplo, de kgs de tomates por hectárea cultivada.

En el caso de una superfcie urbana, el cálculo sería trabajos e impuestos recaudados por superficie ocupada. Minicozzi comparó un edificio del año 1.923 de seis plantas del centro de la ciudad que se había rehabilitado para alojar tiendas, oficinas y viviendas con un hipermercado Walmart que existía en las afueras de la ciudad. Mientras que el edificio rehabilitado ocupaba una superficie de unos 1.000 m2, el Walmart ocupaba, parking incluído, casi 140.000 m2. En impuestos municipales, el hipermercado dejaba poco más de 11 € por m2 al año, mientras que el viejo edificio ingresaba en las arcas municipales, sólo en impuestos de bienes inmuebles, casi 76 € por m2 al año. En otras palabras, el Ayuntamiento de Asheville ingresó 7 veces más impuestos por m2 de suelo urbano del centro de la ciudad que por m2 de suelo en las afueras.

Cuando Minicozzi hizo el cálculo de la densidad de empleo, la diferencia fue aún más patente: los negocios del viejo edificio empleaban a 14 personas. Esto no parece mucho, pero si lo calculamos por superficie, serían unos 18 empleos por 1.000 m2, mientras que el Walmart de las afueras de la ciudad habría creado tan sólo 1,48 empleos por 1.000 m2 ocupados. El arquitecto ha hecho este estudio en otras ciudades de los Estados Unidos, encontrando resultados parecidos.

Estamos más que acostumbrados a oír a nuestros gobernantes hablar de las multinacionales que se instalan en nuestro país como si fueran ese Dios que enviaba el maná a los israelitas en su travesía del desierto. Pero en vez de pan, lo que nos cae del cielo son empleos. A Ikea le quieren hacer una circunvalación a medida en Sevilla. Porque crea empleo. A las empresas interesadas en el puerto se les hace una esclusa carísima y sobredimensionada. Porque crean empleo. En Cádiz se construyen barcos militares para dictaduras de Oriente Medio sin que nadie alce la voz, ni siquiera los más progres antimilitaristas. Se crea empleo, al fin y a al cabo.

Pero nadie se pregunta, cuántos empleos, ni de qué calidad. Nadie analiza cuánta riqueza real queda en esas localidades que casi regalan suelo y edificios a estas gigantescas multinacionales que, por otra parte, se llevan la mayor parte de sus beneficios a opacos paraísos fiscales. Nadie las compara con la riqueza que crean las pymes, que se queda, casi toda, en el pueblo, en la ciudad. Las peluquerías, las papelerías, los bares, las tiendas de informática, los estudios de arquitectura... Que dan trabajo a personas del lugar. Que pagan impuestos en nuestros ayuntamientos. Que dejan sus beneficios donde tienen la actividad. Esas sí que son maná para nuestra tierra.

miércoles, 11 de enero de 2017

No me sorprende

No me sorprende nada todo el lío del ex-decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla. El catedrático, condenado a 7 años de prisión y a una indemnización global de 110.000 euros a las tres víctimas, ha estado dando clases hasta el día 10 de enero. Dado que los hechos de los que se le acusa, abuso sexual a dos profesoras y una becaria, sucedieron entre 2.006 y 2.010, parece que la Universidad no ha tenido prisa por solucionar el problema. Y, como ya he dicho, no me sorprende.

No es que no me sorprenda lo de los abusos sexuales. No seré yo quien diga que son práctica habitual en la universidad hispalense. Lo que no me sorprende es su lentitud en reaccionar, su laxitud ante el escrito dirigido al Rector por las afectadas en diciembre de 2.010, en el que lo ponían al corriente de los hechos, su falta de reacción ante la denuncia puesta por las tres víctimas a principios de 2.011 ante el Rectorado.
Os pongo en antecedentes, por si no estáis al tanto del asunto. Entre 2.006 y 2.010, el condenado, Santiago Romero Granados (me niego a ponerle un Don delante, porque de eso tiene poco), abusó sexualmente de dos profesoras y una becaria de la facultad de la que era decano. Para poder perpetrar dichos abusos, el individuo se servía de amenazas y coacciones a las tres afectadas. Las amenazaba con no poder leer sus tesis. O con impedirles apuntarse a grupos de investigación. O, directamente, con echarlas. Las tres víctimas intentaron, primero, dar cuenta a la universidad del comportamiento de este personaje, pero obtuvieron nula respuesta por su parte, momento en el que decidieron llevar el caso ante los tribunales.

En todo este tiempo, la Univeridad de Sevilla no ha adoptado ni una sola medida cautelar para proteger a estas tres mujeres. Como resultado, y ante la continuidad del comportamiento del condenado, las tres tuvieron que dejar la universidad, mientras veían cómo él seguía en su cargo. Ya vemos cómo la universidad "castiga" los abusos en su seno.
Y, repito, no me sorprende. Podría aburriros con abusos, aunque de otro tipo, que viví en mis años universitarios. En mis propias carnes o en carnes ajenas. Recuerdo cómo un catedrático de la Escuela de Arquitectura, Rafael Diéguez, entraba como elefante en cacharrería en una revisión de un examen que había suspendido y, a voz en grito, daba aquélla revisión por finalizada. El profesor que revisaba mi examen me invitó amablemente a salir y allí murió mi posibilidad de aprobar. Recuerdo cómo ese mismo profesor se reía en clase de cualquier alumno que se le atravesara, despreciando especialmente a las féminas. Cómo el director de la escuela se reía de las quejas de los alumnos, aduciendo que "son cosas del profesor Diéguez". No puedo olvidar cómo un profesor tiró un trabajo que iba a entregar con un compañero por habernos retrasado unos minutos. O cómo un tribunal de proyecto fin de carrera hacía llorar a una compañera con comentarios despectivos y personales sobre su trabajo. O cómo una profesora me dijo en julio que no me presentara a septiembre con ella porque no iba a aprobar. Y suspendí.

La universidad no hace honor, precisamente, a su nombre, que habla de universalidad, siendo una institución tremendamente endogámica y anquilosada. El alumno es visto, en general, como una molestia. Los profesores, por lo menos en mi experiencia, no están ahí, la mayoría, para ayudarte. Los horarios de tutorías no se cumplen la mayoría de las veces, por lo menos en mi época. La colaboración interdepartamental es prácticamente nula. Para entrar tienes que pasar muchos años lamiendo culos, con perdón, y haciendo la pelota al catedrático correspondiente. La capacidad de autocrítica es, en la mayoría de los casos, nula. El propósito de enmienda, ni está ni se le espera.

Me llama mucho la atención, además, la tardanza de las tres mujeres en denunciar. Desconozco en profundidad lo que ocurrió. Me he informado a golpe de click. Pero tampoco me sorprende que aguantaran carros y carretas por miedo a perder, qué se yo, su puesto de trabajo, o la posibilidad de prosperar en el ámbito universitario. Y están en su derecho, no voy a ser yo el que juzgue a nadie. Pero me he acordado de un artículo que leí hace poco de Rosa Montero, en el que hablaba de los tibios de corazón, los indiferentes, los cobardes, la gente que no se levanta ante las injusticias, propias o ajenas. Vivimos en una sociedad llena de personas tibias, que aguantan carros y carretas por mantener su puesto de trabajo. Y, por una parte, lo puedo entender. El miedo muchas veces nos atenaza. Pero lo que no puedo aceptar, y por eso soy de los que se levantan y luchan y protestan, es la injusticia o el abuso. Porque nos llevan a una sociedad en la que no quiero vivir. Ni quiero que sea en la que vivan nuestros hijos.

Y cuando hablo de los tibios, no me estoy refiriendo a estas tres mujeres, que han hecho lo que han podido, pero que han tenido la mala suerte de vivir en un país de universidades ensimismadas y justicia lenta. Me refiero a los que las rodeaban, a los que fueron testigos de su sufrimiento. ¿Nadie vio nada en la facultad? ¿Ningún compañero de este tipo sabía nada del asunto? Si las tres víctimas hubieran sido arropadas por sus compañeros. Si hubiera habido más denuncias. Si no hubiera habido testigos a favor del condenado que ralentizaron el juicio, otro gallo habría cantado. Pero vivimos en un país de tibios, así que no me sorprende nada de lo que ha pasado.


martes, 3 de enero de 2017

Así no PODEMOS

No, así no podemos cambiar nada. Y se lo digo a los de Podemos, porque han sido los últimos en llegar. Pero también se lo podría decir a cualquier partido de los que dicen formar parte de la izquierda de este país. Así, de esta manera, no vamos a ningún sitio.

Parece que el regalo con que nos han querido obsequiar las Navidades los nuevos, aunque de antiguas maneras, políticos y flamantes diputados del partido morado, ha sido su patética e infantil pelea por el poder a través de los medios sociales, propia de un patio de colegio. Su pelea, aunque sostenida durante pocos días a golpe de mensajes de 140 caracteres no difiere tanto, en realidad, de la más analógica sucedida hace pocos meses en las turbulentas aguas socialistas de la calle Ferraz. Tampoco de la forma en que, finalmente, Garzón asaltó el poder en el reino comunista. Pero es la última, y a mí me está amargando las fiestas.

Cuando, hace ya más de cinco años, tuvo lugar el 15-M, muchos albergamos alguna esperanza de cambio, aunque con reticencias. Pensamos, en realidad, que aquéllo se diluiría en la vorágine del día a día. Y de hecho es lo que parecía haber ocurrido hasta que, en 2.014, apareció Podemos. Y ahí sí que pareció verse algo de luz al final del tunel, cuando vimos cómo la pelota morada iba engordando en cada votación, mientras los partidos tradicionales ladraban y arengaban a sus tropas con discursos catastróficos. Tenían miedo, y pensamos que era posible. Que podíamos cambiar esta sociedad asquerosamente individual y capitalista.

Pero parece que no va a ser posible. Parece que van a seguir ganando los de siempre. Bueno, los que van ganando últimamente. Y no sólo en España. También en Europa y al otro lado del charco. Los de Podemos, junto con Izquierda Unida y las Confluencias, consiguieron meterse en el Congreso, donde pegaron un bocado de, nada más y nada menos, 71 diputados. Un buen bocado. Pero parece que, después del esfuerzo realizado y de lo conseguido, no saben qué hacer con ello. Y, hasta donde yo sé, en el Parlamento, principalmente, se aprueban leyes. De nada nos vale que lleven bebés para reclamar la conciliación familiar. Ni que repartan libros sobre Derechos Humanos. Ni que se ausenten cuando no están de acuerdo con algo. De nada nos sirve todo esto si no legislan. Porque, al final, todo esto va de leyes. Que mejoran o empeoran la vida de sus votantes.


A los que hemos votado en algún momento a esta gente se nos queda cara de tontos al ver cómo van pasando los meses y los de Iglesias, Errejón y compañía se dedican a estériles debates públicos sobre el poder y la organización de su partido, mientras los autónomos siguen pagando cada mes una cuota abusiva, facturen lo que facturen. Mientras el sol sigue gravado por un impuesto ilegal. Mientras hay gente que muere asfixiada en su casa porque no tiene para pagar la luz que calentaba sus hogares.

El partido morado ha conseguido, aunque no parece consciente de ello, lo más difícil. Ha entrado en las instituciones, dando un fuerte golpe en la polvorienta mesa del bipartidismo. Ha puesto en la primera línea del debate político temas hasta ahora desaparecidos como los desahucios, la pobreza energética o el salario mínimo. Pero parecen perdidos, asustados ante la responsabilidad de gobernar. O de hacer oposición. España, Europa, el mundo, necesita que vuelva la socialdemocracia. Con fuerza, con energía, con ideas. Porque, hasta la fecha, ha sido la única política, la socialdemócrata, capaz de contener la desbocada ambición, la infinita avaricia del capitalismo más depredador que nos gobierna. La única capaz de repartir la riqueza de una forma más o menos justa. Y desde luego, si la nueva socialdemocracia es el Podemos de los debates a golpe de tuit, lo tenemos crudo.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Felices Lecturas

Igual que, supongo, a muchos de vosotros, la vida no me está saliendo como esperaba cuando era más joven. En realidad, me está saliendo, más bien, por peteneras. Yo tenía mis sueños, mis deseos. Después de culminar una buena formación, con mi carrera universitaria, mis idiomas y mis cursos de especialización, me saldría un buen trabajo, viajaría y vería mundo. Mis padres iban a llegar a viejos sanos como manzanas. Me iba a casar con una mujer guapa y estupenda (esto sí que lo he hecho) y tendría unos cuantos hijos (llevo una, y me ha costado).

Y la realidad ha sido bien distinta. En lo laboral, he ido de mal en peor. Mi padre se fue el año pasado, antes de lo previsto. Y en la familia de mi mujer, ya vamos por el segundo alzhéimer, seguiditos los dos.

Pero bueno, estoy bien, intento ver lo positivo y disfrutar de lo que sí que tengo, sin obsesionarme con lo que no. En cuanto a lo de viajar y ver mundo, lo estoy solventando, con gran éxito, a través de los libros. Las revistas. Los cómics que se cruzan por mi camino.

Este año he conquistado la Dacia con el emperador Trajano. He podido asistir a la construcción de un puente imposible sobre el Danubio, hecho por el arquitecto imperial Apolodoro de Damasco. He cruzado el canal que los egipcios construyeron y luego los romanos reformaron que permitía el paso en barco, allá por el siglo II después de Cristo, entre el Mediterráneo y el Mar Rojo. He visto cómo el emperador nacido en Itálica cruzaba la actual Iraq transportando sus barcos a hombros de sus legionarios.

Me he enterado de que los pulpos disponen de casi tantas neuronas como un gato, siendo los invertebrados que más tienen. He aprendido cómo funciona su sistema de camuflaje que les permite cambiar de color y textura en segundos. He podido conocer la realidad de la guerra en Siria a través del testimonio de dos periodistas españoles, uno de los cuales sufrió un secuestro que casi le cuesta la vida. Y he conocido la capacidad de emprendimiento y resiliencia de mucha gente que vive en condiciones de extrema pobreza.

También he viajado por Sudamérica, leyendo el blog de un amigo que ha estado tres meses circulando por Bolivia, Perú y Chile. Con él he visitado el Salar de Uyuni. He alucinado con Machu Picchu. He subido a volcanes de más de 5.000 metros de altura. He andado por caminos de vértigo en valles escondidos de los Andes.

Ahora estoy viviendo, casi en primera persona, la realidad de la sociedad vasca, a través de las preciosas palabras del escritor español afincado en Alemania Fernando Aramburu, en su estupendo libro "Patria". La relación entre dos familias amigas, pero enfrentadas, de un pueblo de Guipúzcoa. Una, con el padre asesinado por ETA. La otra, con un hijo en la cárcel, por pertenencia a banda armada. Desgarradora, directa, real.

Con los libros se viaja, se aprende, se viven historias ajenas que nos permiten disfrutar, casi como si estuviéramos allá donde la lectura nos lleve. Si no sabéis qué regalar en estas fiestas, a la vez consumistas y teóricamente solidarias, estoy seguro de que con un buen libro, bien escogido, acertaréis. ¡¡Felices Lecturas!!